La Lit: Encuentro

Dos magos en medio de la oscuridad se baten a duelo, bajo una ciudad consumida por una nueva constitución que limita el uso de la magia en el mundo que conocemos. Fuertes lazos de amistad, ganas de emprendimiento, superación y un encuentro inesperado llevarán a los chicos de La Lit a emprender una aventura que los llevará a conocerse más, contactar personas nuevas y ser mejores en un abanico de habilidades nuevas.

Huesos, carne pútrida y un olor a infierno envestían la mazmorra más recóndida del lugar. Las paredes contaban la historia de años resistiendo golpes y desgarros lanzados al espacio pétreo de aquel escondrijo bajo tierra. El óxido salino de las puertas de madera con partes metálicas, mostraban ya un desgaste tumoral, ese espacio estaba condenado a desaparecer algún día, derrumbado por algún fenómeno natural o algún evento que contenga poder que destruya cualquier pared del lugar. Antorchas alumbraban el lugar y dejaban escapar un lamento constante ejemplo del fuego consumiendo las brasas de madera las cuáles habían sido recientemente iluminadas. Pedazos de piedra y de escombros han hecho del lugar un entreverado zurco de caminos y de espacios estrechos que asemejan un laberinto. En medio de la habitación, una sombra humana en posición defensiva se encontraba, aguárdando algo, con algo de calma pero el aire tenso se podía percibir a mucha distancia.
– ¿Gino atacarás o me dejarás esperando toda la tarde? Ya te lo he dicho, tienes demasiados hechizos a tu disposición y careces de una estrategia clara.

De pronto una mano de por debajo de la tierra emana y trata de coger el pie del hombre encapuchado, sin titubear el hombre se da cuenta del intento, mira fijamente la mano y basta con ello para esta comience a incinerarse y a regresar de donde vino.
– Gino, tendrás que intentarlo un poco más…

Antes de poder terminar la frase, es interrumpido por dos sombras con una velocidad casi imperceptible vuelan directamente al portador de la voz. En un abrir y cerrar de ojos, otras dos salen de la oscuridad y se enfrentan a las otras, las cuatro destruyéndose entre sí.
– Ya veo has mejorado tu nivel de invocación, al punto de que tus criaturas ahora destruyen al entrar en combate. Sorprendente.

A continuación, el defensor comienza a emitir palabras al viento, indiscriptibles a simple audición que detonan un movimiento siniestro en la habitación.
– Ahí estás
– Sabría que no podría ocultarme por mucho tiempo… – una voz nueva se agrega a la conversación, es Gino que ha sido detectado por los espíritus de Enrique.
– Yo no te podré ver, pero las habilidades de mis criaturas lo hacen más fácil.
– Lección aprendida, solo que un poco tarde para ¡esto!

Gino que había estado resguardado entre las sombras acumulando energía, lanza un conjuro que emana de sus dedos, una energía negra casi pútrida sale despegado hacia Enrique y este ante la sorpresa no logra esquivarla.
– Con este hechizo robaré tu energía vital y la abosorveré – dice Gino al ver a Enrique desplomarse en sus rodillas mientras siente que la vida le es absorvida fugazmente.

El salón queda en silencio por unos momentos, nada se mueve.
– Buen movimiento… – Enrique comienza a recuperar el aliento despúes de recibir el impacto.- Sin embargo, acuérdate que nuestros enemigos normalmente no esperarán tanto para atacarte y no tendrás la oportunidad de terminar a alguien así de fácil.
– Lo sé Enrique, ay no seas tan criticón, ya te gané – se acerca a Enrique con una sonrisa en los labios.
– Jejejeje – Enrique saborea la agridulce derrota, pero sabe que alcanzó el limite de su cuerpo para no ser herido de gravedad en un duelo de práctica como para seguir forzando las cosas.
– Enrique no seas mal perdedor. Además tu siempre me ganas.
– Lo sé, no te preocupes estaré bien, sabes que sigo aprendiendo a manejar eso, creo que me extralimito mucho con las cosas cuando quiero me salgan bien, es todo. Estudiaré un poco más y no podrás sorprenderme la siguiente vez.
– Te estaré aguardando, vamos a descansar.
Ambos se sonríen y se abrazan.

Aquella tarde dentro de la edificación que guarda los secretos de una organización de mercenarios llamada La Lit se comenzaban a escuchar los pasos de los amigos que emergían del subsuelo para retomar aire y reposo. Era invierno en esa época del año y la gente ya no solía salir tanto de su casa, sino era en algún tipo de vehículo de transporte autorizado. Las calles de Lima ya no eran muy seguras, desde que el gobierno dictó que los magos dejasen sus estudios de lado y que ésta actividad sería solo de uso particular para las personas que tengan permisos especiales para ello. La bibliotecas habían sido incineradas, décadas de hechizos, investigación sobre la magia ahora eran escombros o era de acceso limitado a las personas con gran poder social o con suficiente dinero para adquirir una de estas licencias para el uso de la magia.
– ¿Qué tal les fue chicos? – un hombre yacía detrás de su escritorio con una pluma, mirándolos con cierta curiosidad.
– … – Enrique se silenció.
– Le gané – contestó Gino.
– ¿Te ganó? Jajaja ¡Qué milagro!
– Willy no seas duro con Enrique, sabes que no toma perder con mucha gracia.
– Jajaja sorry está bien, está bien. Oigan hice el almuerzo, hice fideos con salsa verde. Hubiese puesto algo más, pero saben cómo la situación que tenemos nos limita un poco con las cosas. Desde que el gobierno ha puesto tantos impuestos a las licencias que he tenido que adquirir para poder seguir en funcionamiento… no hay de otra que administrar con suma cautela nuestro dinero.
– Ok Willy no te preocupes, más bien gracias por la comida – le respondió Enrique.- ¿Alguna novedad? ¿Algún trabajo nuevo?
– No… A este paso no creo que podamos mantenernos por mucho tiempo.
– Pensaremos en algo, por ahora vamos a comer Gino, ese hechizo que me lanzaste me dejó exhausto ¿De dónde lo sacaste?
– ¿Recuerdas el libro que no quisiste leer sobre magia negra que te presté?
– Um… si lo recuerdo jaja está bien, no me mires así. Sabes que la magia negra no es lo mío.
– Jajajaja con cómo te pones cuando pierdes, entiendo por qué te gusta usar el fuego como ataque principal.
– Deja de molestar si no quieres que me prenda (risas)
– OK (risas)

Mientras los chicos están en el comedor, Willy escucha unos toques en la puerta y va a abrir. Tan pronto abre la puerta, ve a una bella mujer pálida cómo una hoja de papel bond, ambos se miran fijamente, los ojos de la mujer algo tristes muestran un dolor profundo. Willy queda hipnotizado por su semblante, pasan unos segundos y la chica se desploma en la entrada.
– ¡Chicos! ¡Ayúdenme! – Willy llama a sus amigos para que los vaya a ayudar.

Todos la hacen entrar y reposar en uno de los muebles.
– ¡Está sangrando! – Willy nota, después de dejarla en el mueble y ver sus manos.- Tenemos que curarla.
– ¿Buen momento para decir que ninguno de nosotros sabe curar? – Responde Enrique.
– Yo puedo sanarla, pero a costa de uno de nosotros- dice Gino.
– ¿Con la técnica que usaste ahora conmigo?
– Sí, es solo un poco más compleja, necesito a alguien de quién absorver la energía para luego curarla.
– Ok, usa la mía.
– ¿La tuya? No puedo, ya te he quitado suficiente poder vital como para extralimitarte más.
– No hay opción. Willy no tiene la licencia de uso de magia, se le considera un civil más y las leyes se aplican diferente a él, si le lanzas algún tipo de hechizo dañino a él. El gobierno lo sabrá y te meterás en problemas graves. No tenemos opción, parece que no tiene mucho tiempo, si ha caminado hasta acá con esas heridas.
– Está bien, pero pararé si algo va mal.
– No te preocupes, solo házlo.
– Willy mantén tu distancia – Gino se concentra, con una giro de sus brazos y un ligero movimiento en sus manos, lanza dos rayos de energía uno dirigido sobre la joven y uno sobre Enrique.

Enrique aunque al principio reacciona bien, comienza a sentir nuevamente esa extraña sensación de una frío gélido, que inicia desde su corazón y se va extendiendo por sus venas. Mientras observa como la joven va recuperando el color de sus mejillas y sanando sus heridas.
– No será suficiente – dice Gino.
– Usa la energía que sea necesaria.
– Pero aun no sé que pueda pasar, nunca había usado este hechizo con un amigo, además la idea era usarlo con un enemigo.
– Lo sé… pero tenemos pocas opciones. Sé que no dejarás que el hechizo se te escape de las manos, confío en ti – contesta Enrique con bastante esfuerzo.
– Está bien, le pasaré más energía.

Enrique comienza a sentir como cada uno de sus músculos se entumece y comienza a perder movilidad, su visión se comienza a oscurecer, de pronto ya sin poder mantenerse en pie, se desploma en el piso.
– ¡Enrique! – Willy exclama con mucha preocupación.

Ante los ojos de todos, Enrique pierde la conciencia.

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