El Placer

Es un tema delicado, pero tarde o temprano pues es necesario tocar: el sexo.

Somos un cuerpo: sin que aprendamos a satisfacerlo y mantenerlo en buen estado, no hay vida buena que valga. En general, los placeres de la vida nos ayudan a apreciarla más y vivirla plenamente. En el caso del sexo, cuanto más lo separemos de la simple procreación, menos animal y más humano resultará.

El miedo al placer

No hay que avergonzarse del apetito por disfrutar en cuerpo y alma del placer. Hay que saber entregarse a ello, pero esto no quiere decir que vamos a salir a buscar y probar todos los placeres del mundo, sino que uno debe buscar el placer en el presente. Lo placentero es lo bien que tú sepas disfrutar lo que te rodea. 

Cantidad no es igual a calidad

La diferencia entre “uso” y “abuso”, es el refugio para escapar de la vida. Ciertos placeres atentan con hacernos daño y suponen un peligro para nosotros. Uno tiene que aprender a desconfiar de todos los placeres cuyo principal atractivo es el “daño” o el “peligro” que proporcionan. Es un castigo disfrazado de placer. Debemos tener cuidado, por ejemplo, de usar nuestro cuerpo cómo un objeto, de placer vacío. No olvidemos que la unión del alma y el cuerpo es lo que nos hace humanos.

El placer de sentirse culpable

Las prohibiciones existen, ya sea a través de la religión, las leyes, etc. pero no hay que dejarnos engañar y ser “rebeldes” sin causa. Las leyes no se han hecho para romperse, se han hecho cómo guía y es nuestra responsabilidad, como seres humanos, entender su contexto y actuar respecto a nuestras conclusiones. Si vemos las reglas cómo prohibiciones pues terminaremos sucumbiendo al placer más triste de todos: el placer de sentirse culpables.

La templanza y la expresión máxima del placer

La templanza es poner el placer al servicio de la alegría, que es lo máximo que podemos obtener. Nosotros somos seres humanos y en nuestro arte de vivir, debemos buscar usar nuestra libertad para hallar la humanidad en nuestra vida. El auténtico amor, respeto y afecto es alimento del alma, y el éxtasis de nuestra humanidad. Por ende, tener la inteligencia moral de apreciar hacer el amor con la persona con quién compartamos auténtico amor, respeto y afecto, es pues una de las metas a alcanzar y conservar en nuestro arte de vivir intuitivo.

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