Romeo & Julio – Acto II


ESCENA PRIMERA
Una callejuela junto a los muros del jardín de Capuleto.

Romeo: ¿Cómo puedo ir más lejos si mi corazón yace aquí en el origen de todo lo que me odia?
(Trepa el muro y salta hacia adentro)


ESCENA SEGUNDA
Jardín Capuleto (Entra Romeo)


Romeo: ¡Allí está! ¡Qué suerte la mía! Poder volver a ver el rostro del amor en una sola noche, debo haber nacido bajo la misma estrella que ese ser, que me encanta con cada uno de sus semblantes y con cada gota que derrama su piel, al sentir que puedo ser suyo si así lo desea ¿Qué sucede ángel luminoso? ¿Por qué esa mirada desolada que intenta copiar la luna que te espía desde los cielos? La luna envidia tu juventud e ingenuidad, la que me has demostrado esta noche y que ha hechizado mi corazón ¿podrás entender lo que mis latidos me dictan? Eres lo que estaba buscando toda mi vida, tú que con un solo beso destruiste todas las barreras entre nosotros y que engalanas mi alma con la suavidad de tus sueños. Déjame ser parte de tus sueños, aunque solo sea esta noche.
Julio: ¡Ay de mí!
Romeo: ¡Ha hablado ahora! ¡Habla otra vez, oh, muso mío! En la altura te apareces como un enviado divino, con un mensaje que solo podría ser entregado a mi, una flecha que está destinada a llegar a tocar el punto exacto en donde reside mi corazón, el cual recibe tus alas para poder llegar a ti. (Comienza a subir)
Julio: Romeo ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Qué tienen tus labios que con un solo beso has cambiado todo lo que sé, todo lo que Dios me ha enseñado, eres la más dulce tentación y, aún así, mi mente te aborrece, mientras mi corazón desearía que en este momento estuvieras aquí a mi lado y me sacases de la confusión en la que me hallo.
Romeo: (Aparte) ¿Debo seguir oyendo o le respondo?
Julio: El hombre y la mujer existen para ser el uno del otro, no existe otra forma, a no ser que en los sueños verdes de la creación misma. Sería un pecado y como siervo de dios debo resistirle (¡Dame fuerzas!) que no se opaque en mi el oro servil. Pero temo que no pueda, este sentimiento cálido e increíble hace que mi corazón lata con más fuerza el solo pronunciar su nombre ¿Será una ilusión del demonio que busca seducirme del camino correcto? Jesús, ayúdame, dame una señal que deje en evidencia la benevolencia de mis sentimientos.
Romeo: Heme aquí, el enviado de tu Dios queriéndote entregar un mensaje de amor.
Julio: ¡Romeo! ¿Cómo llegaste aquí?
Romeo: Tan solo seguí la senda que dejaron tus pensamientos y ellos me guiaron hacia ti.
Julio: ¿Desde hace cuanto estás escuchando?
Romeo: Lo suficiente ¿Crees que es coincidencia que nuestras constelaciones decidieran formar un trazo estelar esta noche?
Julio: No… eres una aparición insustancial.
Romeo: ¿Le restas importancia a un mensajero divino que solo viene a hablarte de amor? No niegues tu confesión.
Julio: Eres una prueba de Dios, he de ser fuerte ante la tentación que ocasionas.
Romeo: Qué tierno eres, irresistible también. Si fuese una pecaminosa tentación, pues estarías negando que puedo estar sintiendo lo mismo que tú en este momento y te cegarías a la posibilidad que mi amor es el cambio de todo en lo que crees.
Julio: Dios existe y eso nada lo cambiará.
Romeo: Jamás le negaría ¿Pero cómo Dios puede negarse al amor?
Julio: No lo hace, Dios es amor.
Romeo: Entonces cómo un ser hecho de amor, puede negarse a lo que yo siento por ti.
Julio: ¿Tú… me amas?
Romeo: Con la fuerza con la que el sol busca a la luna, interminablemente todos los días de su existencia.
Julio: ¡Mientes!
Romeo: Jamás te mentiría. Aquella tiene un veneno cuyo líquido, aunque sabe dulce como la miel, asesina cualquier bienaventuranza que nos da la vida, y no hay más divinidad que compartir mi fuerza vital junto a quien la inspire con cada exhalación.
Julio: Veo sinceridad en tus ojos, verdad en tus palabras, amor en tu existencia ¡Porque tenías que ser hombre!
Romeo: (risas) No lo sé, solo sé que esto que siento por ti es más grande que el mar y tan inmenso como el camino que uno tendría que recorrer para bajarte las estrellas. Una sensación que escapa a mi razón y que me tiene ahora aferrado a tu existencia.
Julio: ¿Crees en el destino?
Romeo: El destino es un laberinto de ocurrencias, ajenos al control y comprensión humana, que sólo podrían ser designados por un ser divino ¿Crees que nuestro encuentro estuviese premeditado?
Julio: Estoy seguro, porque esa sensación cálida que abastece un universo de cometas en mi corazón, me tortura dulcemente hasta el cansancio. No puedo negarlo, por más que durante toda mi vida haya estado con una venda sobre mis ojos, ahora lo sé.
Romeo: ¿Aceptas nuestro amor?
Julio: (pausa) Si lo negase, te mentiría, y te perdería para siempre en la ilusión de la nada. Yo quiero vivir la realidad que anhelas, junto a ti.
Romeo: Mientras estemos juntos, no habrá nada que pueda detener nuestros pasos.
Julio: Nos aguardan momentos que harán temblar nuestra voluntad ¿Lo sabes, no?
Romeo: Nada en la vida es fácil, nada se consigue solo con el pensamiento, hace falta la acción y la perseverancia, tal cual río que nunca deja de fluir. Dejemos emanar la lucha por la felicidad del otro.
Julio: Desde que estas conmigo, la felicidad es como el aliento en cada respiración. Me has bendecido con paz y siento que puedo alcanzar edificar puentes que conecten civilizaciones enteras.
Romeo: Te propongo iniciar una eterna lucha, por una vida en donde nuestros mundos se unan como si fuesen uno.
Julio: Mis padres, mi familia, mi religión nunca aprobarán dicha unión ¿Cómo puede ser que puedas tú vivir en completa libertad y yo no?
Romeo: Puede que ese sea el verdadero obstáculo que te está poniendo Dios.
Julio: ¿… Un obstáculo?
Romeo: Es sencillo seguir el camino que otras mentes nos muestran, es realmente difícil encontrar otras puertas en la oscuridad de nuestro sendero, porque esas salidas sólo se crearán con nuestro anhelo ¿Crees que la felicidad es solo una?
Julio: Mm… en pensamiento, pero se obtendría de una forma única a cada semejante, dado que todos no somos parte de una misma mente, ningún destino es igual.
Romeo: Entonces ¿Por qué tu felicidad yacería en seguir lo que tu familia o religión quiere para ti? ¿Qué quieres tú?
Julio: A ti, a nosotros.
Romeo: Entonces busca la manera de que pueda serlo. No te digo que rechaces tu religión, ni a tu familia, solo haya la manera.
Julio: ¡Imposible!
Romeo: ¿Acaso podría existir el amor, sin el odio? ¿o el norte sin el sur? ¿Lo caliente de lo frío? Descuida, me tienes a mi, tu incondicional, hasta que halles la respuesta o te haga entrega de mi último aliento, lo que venga primero. Nunca más estarás solo.
Julio: Prometes demasiado.
Romeo: Solo lo que humanamente podría prometer, mientras arda en mi, la llama que hierve mi destino, la usaré para darle forma verdadera a tu deseo. Y si esta alguna vez cesase de existir (¡Que Dios no lo permita!) pues entonces sabrás que habré luchado por tu amor cada día de mi plenitud, a pesar de cualquier error que cometa en el camino. La vida es una guerra inmortal que se desata en búsqueda de nuestros deseos y nada me daría mayor fervor que enfrentarlo contigo.
Julio: Siento que estoy lleno de cadenas que constriñen mi vuelo, me jalan hacia un abismo del que no puedo escapar, sin embargo veo en ti un indomable huracán de esperanza fresca ¿o me equivoco? ¿Cuál es tu obstáculo?
Romeo: Pequeño, déjame ser un ángel salvador, aquél que guíe tu camino y te defienda del mal. Desde que nuestros labios se declararon amor eterno, tus obstáculos son míos y los míos tuyos. Déjame proporcionarte las herramientas para que las enfrentes y dame a mi la oportunidad de gozar del amor que solo tú podrías entregarme.
Julio: (Lo abraza) No abandones mi causa nunca.
Romeo: No lo haré jamás, lo prometo.
Julio: Te entrego mi corazón para que lo cuides y construyas junto con el tuyo un monumento al amor que sea recordado por siempre.
Romeo: Tuyo es mi corazón, está colgando en tus manos y ese monumento del que hablas, los esculpiremos juntos, porque encontraremos inspiración en nuestro amor y seremos los artistas de nuestra felicidad.
Julio: Es extraño…
Romeo: ¿Qué cosa?
Julio: Es como si nuestros pensamientos se hubiesen fundido de tal forma que parece que nos conociéramos desde siempre.
Romeo: Es lo que sucede cuando el amor encaja perfectamente en el del otro.
Julio: Nunca te guardes nada y me cautives de ti, nárrame tus pensamientos como si fuesen míos. Quiero conocerte como nadie más lo ha hecho.
Romeo: Pues tendrás que vencerme, yo te conoceré más.
Julio: No, yo más.
Romeo: Yo más.
Julio: Yo… (Romeo lo besa)


ESCENA TERCERA
Calles de Lima
(Entran Benvolia y Mercucio)


Benvolia: ¡Es muy tarde! ¡Vámonos Mercucio! La fiesta ya acabó y reconocí a Teobaldo entre los invitados, ese rufián está detrás nuestro siguiendo nuestros pasos. Si nos encuentra aquí podríamos ocasionar una riña peligrosa.
Mercucio: ¿Y Romeo?
Benvolia: Lo sé, también estoy preocupada, pero le hemos buscado y no está en ningún sitio, es posible que ya esté en casa. Estoy segura que no pondría nuestras vidas en juego.
Mercucio: Pues vete, no planeo dejar a un amigo atrás ¿qué sucede si Teobaldo lo encontró primero a él?
Benvolia: Tus palabras conservan extrañamente sabiduría esta noche.
Mercucio: Tú siempre tan graciosa.
Benvolia: ¡Silencio! Alguien se acerca.
(Entra Teobaldo y otros)


Teobaldo: ¡Buenas noches señores! ¡Una palabra con uno de ustedes!
Mercucio: ¿Una sola palabra con uno de nosotros? Yo le agregaría algo, digamos una palabra y un golpe.
Teobaldo: Mercucio, tú te has concertado con Romeo.
Mercucio: ¿Concertado? ¿Nos tomas por músicos? ¡Si quieres hacer música de nosotros no vas a oír acordes, sino discordias! ¡Aquí tengo el arco de mi violín! (Alza los puños) ¡Con él te haré bailar! ¡Vaya qué acordes!
Benvolia: ¡Mercucio, basta! No tientes la discordia, que solo queremos ir a descansar a nuestras casas.
Teobaldo: Vaya, vaya, pero si no es nada menos que mi queridisima Benvolia. Podría reconocer tu voz chillona en cualquier lugar, aunque debo admitir que me tuviste engatusado por esa vestimenta poco usual que llevas. Así que también has mancillado la casa de mi señor Capuleto.
Mercucio: ¡Déjala en paz, tu riña es conmigo! (Lo empuja, Teobaldo tropieza)
Teobaldo: Pagarás caro tu osadía. (Entra Romeo)
Romeo: ¿Qué sucede aquí?
Teobaldo: ¡Suerte la mía, ahora podré salvaguardar el honor de mi familia en una sola noche!
Benvolia: ¡Romeo, huye!
Romeo: ¡Jamás! ¡Ve en busca de ayuda! Son demasiados para nosotros tres.
(Sale Benvolia)
Teobaldo: Valiente… o tal vez ¿estúpido? (A otros) ¡Luchad!


Romeo se enfrenta con los secuaces de Teobaldo, pero es capturado. Mientras que Mercucio ferozmente lucha contra los secuaces de Teobaldo.


Teobaldo: (A otros) ¡Atrás! (A Mercucio) Combates bien, para un simpatizante de maricones. Es más, estoy seguro que ese de ahí te la escurre y te hace saltar de éxtasis.
Mercucio: ¿Y si tuviera el valor de amar a otro hombre? ¿Me matarías acaso?
Teobaldo: No es mala idea, los cabros son escoria ante los ojos de Dios.
Mercucio: ¡En guardia! Si atacas a matar, pues no me retendré.
Teobaldo: (risas) ¿Tú y cuántos más? Mira, dejemos en manos de Dios quién tiene la razón (Al resto) ¡No se entrometan! Es hora de enseñarle a este una lección que no olvide jamás.
Mercucio: Te podría derribar con las manos atadas.
Teobaldo: Tal vez sea cierto, pero no aguardaré hasta que suceda. (Desenvaina un cuchillo) ¡Probarás mi acero!
Romeo: ¡Cuidado Mercucio, tiene un puñal!
Mercucio: ¡Vaya, hasta que el cobarde saca sus garras!
Teobaldo: Te despellejaré esa sonrisa de la boca.
(Entra Julio)
Romeo: ¿Julio?
Julio: ¡Primo deténte! Ese puñal no traerá más que desdicha a nuestra casa.
Teobaldo: ¡Suéltame! Ellos han mancillado mi honor y han insultado con sus actos la buena fe de nuestra familia.
Julio: Tu odio no nos traerá más que mayor odio para nuestras familias.
Teobaldo: ¿Es que acaso ahora dirás que no hay que matarles? Cuando hace una semana estabas tan dispuesto a hacerlo. Recuerda tus propias palabras: Esos irán al infierno. Descuida primo, yo les acortaré el camino y seré abasionado por este hecho.
Mercucio: No me hagas reír, lo único que lograrás es que te metan en una celda y te coronen asesino, imbécil.
Teobaldo: ¡Cállate maldito! (Le clava el puñal).
Romeo: ¡Mercucio!
Julio: Primo, pero ¿qué has hecho?
Teobaldo: La noche es joven y mi puñal aún está sediento.
Romeo: ¡Canalla! Pagarás por esto.


Romeo se lanza encima de Teobaldo, este suelta el puñal, luchan. Romeo se recupera y coge el puñal.


Julio: ¡Detente! (Lo abraza) No cometas una locura, si derramas sangre, maldecirás el amor que nos ha bendecido esta noche. Lo confieso, mi ser escondía un odio, un temor por lo que desconocía, y ahora aborrezco las palabras que compartí con mi primo, pero me has mostrado que eso que tanto odio, no es más que el amor que tanto añoro, con tus palabras verdaderas, tus actos incondicionales y el ardor de tu voluntad. Romeo, el odio trae consigo un odio más profundo, eres amor y no dejaré que ese puñal lastime a quién tambien amo. Teobaldo, es mi familia, a pesar de sus actos, él será castigado pero si tú concluyes tu venganza, no solo te castigarás tu, sino que me arrastrarás contigo. La distancia cobrará su precio, del encierro al que te mantendrán preso y aunque espere largos años, el futuro junto a ti nunca será igual. Detente un momento a pensar, la vida de tu amigo es incalculable, pero a ojos del mundo tan solo serás un vil asesino. No ensucies tu honra, deja que el castigo sea dado por quien deba guardar la culpa, por favor, te lo suplico, apacigua tu ira, devuélveme la tierna mirada que sedujo mis manos esta noche. Despierta de ese sueño en el que el odio te tiene enajenado y enfrenta la vida como un valeroso y libre hombre.
Teobaldo: Julio ¿tú también eres uno de esos monstruos? Sangre de mi sangre ¡Eres una abominación!
Romeo: ¡Cállate, escoria! Este hombre, al que llamas monstruo, te ha dado clemencia esta noche. El amor se ha batido contra el más feroz odio, y sale victorioso. Ante palabras sabias, se aplaca la ira. No está en mí hacer justicia, no soy Dios, pero sé algo seguro: Tú Teobaldo te hundirás en las fraguas del infierno. Tu rencor ha llegado a un punto sin retorno ¡Mira donde has terminado! ¡Derramando sangre de un inocente! Cometiendo un acto que condena tu alma por la eternidad. Aunque solo sea el comienzo de una larga lista de actos de violencia que has asestado contra las personas de una orientación sexual diferente, eso no nos hace menos humanos y dignos del mismo respeto que cualquier otra persona. Sin embargo, tus acciones poco honorables indican la poca consideración que tienes contra los de tu propia especie ¿Llamas a esto traición de sangre? Tú ya traicionaste a tu raza ¿Quién es el verdadero monstruo ahora?

(Suenan las sirenas de autos de policía, se cierra el telón).

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