Runic | Eucalipto

¿Primera vez leyendo Runic? Lee el primer capítulo aquí.

En Lima, el clima suele ser muy cambiante, incluso en verano o invierno siempre correrá viento, habrá mucha humedad y nunca lloverá demasiado. Jorge y Christian se encuentran caminando por la avenida Arequipa de madrugada, rumbo a Miraflores, todavía faltan un par de horas para que amanezca. Jorge se encuentra ido, los estragos del reciente acontecimiento lo tienen mortificado y sin palabras. Christian en silencio no sabe qué decirle o cómo actuar, nunca había pasado por algo así. La traición es una sensación que es difícil de asimilar y todo parte de la idea de ¿en qué fallé? ¿No fui suficiente? Es un golpe a la autoestima que te tumba y cuesta reponerse. Encontrar pruebas a una sospecha es una situación que uno no quiere que le pase nunca, muchas preguntas por resolver y mucho dolor de por medio, dejan poco claro qué camino seguir ‘¿Qué debo hacer?‘ piensa Christian, pues se siente responsable, fue por él que fueron a ese sitio y la carga de haber pasado por ese episodio junto a Jorge hace que su consciencia lo carcoma, pues no lo deja pensar claramente. De repente Jorge se detiene.

Jorge: Verdad… gracias por acompañarme, no tenías por qué.
Christian: Te soy sincero, no tengo idea de como debes estar ahora. Pero creo que lo último que yo quisiera, si me pasara algo así, sería estar solo.
Jorge: Gracias por las palabras de aliento. Aunque de hecho, eso es lo que me espera. Cuando llegue a casa y lo vea a la cara, tendré que afrontar todo lo que ha pasado.
Christian: Verdad, están viviendo juntos. Mira, no estás solo, lo que te acaba de pasar es recontra fuerte, pero si esto te ocurrió puede que sea para que abras los ojos, no eres feliz así.
Jorge: Yo realmente quería que funcionara. No es fácil, 4 años en los que hemos pasado por tantas cosas, sobrellevado obstáculos para que termine así. Jamás podré borrarme estas imágenes de mi cabeza.
Christian: Tienes que verlo como una oportunidad para poder volver a comenzar, enfocarte en ti. Tu mismo me dijiste que querías enfrentar la situación directamente.
Jorge: Ya lo veía venir, los mensajes en su celular extraños de números que no reconocía, ese huevón estaba gileando con otros en mi cara. Es un maldito pendejo. (Jorge alza la voz) ¡Roberto de mierda! ¡Aaaaaah!
Christian: (Reacciona momentos después, le sigue) ¡Aaaaaaah!
Jorge: (Atónito por la respuesta, le responde) ¡Aaaaaah!
Christian: (Insiste) ¡Aaaaaah!
Jorge: (se ríe) Oye ya basta, Serenazgo nos va a llevar y nos vas a meter en un problema.
Christian: ¡Oye! ¡Tu comenzaste!
Jorge: Y tu me seguiste, lo que es peor.
Christian: ¡Pues que vengan! A lo mejor uno está bueno y nos lo gileamos. Sería inesperado, divertido y hasta algo morboso ¡Vamos, hagamos algo locazo y que nunca hayamos hecho antes!
Jorge: A los serenos no les entro ¿ok? Ni aunque me paguen. Pero atraco a hacer algo nuevo ¿Qué tienes en mente?
Christian: Mm… (se toma un tiempo para pensar y suelta una sonrisa pícara).
Jorge: ¿Qué? Dime, no me dejes así.
Christian: Se me ocurre algo, o sea es como una curiosidad que tengo.
Jorge: No puede ser peor que estar acá sin rumbo.
Christian: Me da roche proponerlo.
Jorge: ¿Roche? Es un poco tarde para tener roche después de haber gritado conmigo… de madrugada en plena avenida Arequipa, así que no me vengas, suelta la sopa.
Christian: (suspira) ¿Alguna vez has ido a un sauna?
Jorge: Eeh.. no, la verdad.
Christian: ¿Y si vamos a alguno, sólo para conocer?
Jorge: No sé… ¿seguro que quieres ir a uno? Para comenzar ¿a cuál iríamos?
Christian: Voy a buscar en Google.

Christian saca su celular y escribe “saunas peru lima gay”.

Christian: ¿Qué opinas de este? Se llama 240.
Jorge: ¡A ver las fotos!
Christian: No tiene muchas…
Jorge: ¿Y no tiene página web?
Christian: No en Google maps, pero sí en el buscador. (Le muestra)
Jorge: Bueno… se ve descente ¿no? (muestra inseguridad)
Christian: Pues si no vamos ahora ¿cuándo? ¿O no te atreves?
Jorge: No es eso, es que ya sabes o sea esos lugares son para tirar.
Christian: ¡Sólo vamos a ver! No tenemos que hacer nada que no queramos. Pero solo voy si me acompañas, no me atrevo ir solo ni de vainas.

Jorge se toma su tiempo para pensarlo.

Christian: Después de la cagada de tu ex no me digas que te quieres guardar.
Jorge: Ok, ok. Vamos, pero si no nos gusta o nos sentimos incómodos, nos quitamos.

Ambos se suben a un taxi con un rumbo desconocido. Jorge se pone a ver las calles pasar a través de la ventana, no pasa mucho tiempo para que sus palabras cobren vida y comience a narrar sus pensamientos.

Jorge: Siento que a veces no me puse primero, que cuando tuve para elegir, decidí que las cosas seguirían su curso, dejé que sucedan, porque Roberto lo quería así y quería hacerlo feliz. Así que callaba, me decía ‘Es mejor así, a veces uno tiene que ceder’, pero tal vez pequé de hacerme el huevón y confiar demasiado.
Christian: Si vas a vivir tu vida pensando en lo que la otra persona puede o no hacer, vas a dejar de vivir la tuya.  Confiar no es una debilidad, es la mejor manera de poder estar en paz contigo. Por el otro lado, si habían cosas que no querías hacer sí debieron haberlo conversado, no dejar que simplemente pasen.
Jorge: Recuerdo una vez… él quería viajar y yo no tanto, en realidad como que no me llama mucho la atención.
Christian: ¿No te gusta viajar? Eso es raro.
Jorge: Bueno… no exactamente. Es como que me gusta compartir cosas nuevas, o sea que ambos vayamos a un sitio nuevo, pero en este caso no sería la primera vez para él.
Christian: Ya.. bueno, te entiendo. Es más romántico ir a un sitio que ambos desconocen. Aunque tampoco te vas a privar de ir a un sitio nuevo porque él ya haya ido.
Jorge: Eso también, por eso accedí. Y no me malinterpretes, la pasé genial y creo que nos ayudó a fortalecer nuestra relación.
Christian: ¿Entonces?
Jorge: Incluso descubrí algunas cosas sobre mí en ese viaje. Como que no me gustaba ir a lugares que ya hubiese ido con alguien más porque eso significa que no puedo dejar huella en lo que hagamos, o sea ser su primera vez, aquél primer recuerdo que su mente piense cuando reviva esos momentos. De lo contrario, sería como competir con un fantasma del pasado.
Christian: (se ríe) Jorge lo pisado, pasado. Si él ya no estaba con los otros, no tenías por qué pensar en esas inseguridades. Debería importarte el presente, lo que estabas construyendo.
Jorge: Lo sé, al menos eso era lo que me repetía. Pero, soy así: intenso, necesito sentir que soy eso único en la mente de alguien.
Christian: (se ríe) No creo que sea muy saludable esa forma de pensar, es imposible, algo medio idealista. (Jorge lo mira intensamente) ¡Vaya! ¿Eres un idealista? Eso lo explica. (medita unos instantes) Te quiero confesar algo, a pesar de haber estado con otros chicos, siempre hay uno que estará encerrado en algún sitio de… bueno.. mi corazón, aunque suene algo cursi. Es esa puerta que sé que no debo abrir, porque cuando lo hago no me trae nada bueno.
Jorge: ¿Qué te pasó?
Christian: Es una historia media larga. ¿Seguro que quieres saber? Voy a necesitar de un trago.
Jorge: Creo que vamos llegando, ¿te invito uno? ¿Hay bar adentro, cierto?
Christian: Eso decía la web.
Jorge: Okey, vamos.

Ambos bajan del taxi, observan una gran construcción gris en una desolada y fría calle del centro de Lima. Ni un alma se asomaba por las calles, aunque si algunos autos pasaban rápidamente acompañados de un estridente silencio que se escondían detrás de las luces del ingreso principal del sauna. Era una reja grande con vidrios que obstaculizaban la visión y que mostraba a su lado derecho un gran botón. Christian guardó su celular tras confirmar la foto de la fachada en la aplicación de los mapas. Era el momento de adentrarse en un espacio al que solo había soñado con ir.

Jorge: Sabes que nunca pensé que pisaría uno de estos lugares.
Christian: Ni yo, pero ya estamos aquí. Sigamos adelante.

No pasó mucho tiempo, después de haber tocado el timbre, para que una persona les abriera la puerta e ingresaran a una pequeña recepción, el lugar estaba bien iluminado y se veía bastante acogedor. El recepcionista algo frío los analizaba con la mirada, mientras ambos ingresaban al espacio, pues era evidente que era su primera vez. Jorge miró el tarifario colocado en la pared, mientras que Christian se acercó a saludar.

Christian: Buenas noches, queremos dos entradas.
Recepcionista: Serían 40 soles por cada uno, incluye lócker, toalla y sandalias.

Christian miró a Jorge de reojo y Jorge asintió. Ambos pagaron y el recepcionista les entregó lo prometido junto con una llave con una placa y un número grabado.

Recepcionista: Eso es para el lócker. ¿Es su primera vez aquí? (Christian algo nervioso, asiente con la cabeza). En el siguiente cuarto busquen el número de su lócker, desvístanse y dejen su ropa allí. Luego podrán ingresar, les sugiero se den una vuelta por las instalaciones para que decidan qué les gusta más, tenemos varios pisos de entretenimiento. 
Jorge: Suena un gran lugar para explorar ¿Y el bar?
Recepcionista: En el segundo piso, no hay pierde.

Ambos agradecieron la espontánea amabilidad del sujeto y avanzaron al siguiente cuarto. Jorge se tropezó torpemente con una bolsa de sandalias aparentemente usadas. Se encontraban desconcertados y algo perdidos ante la nueva situación que se les presentaba. El olor del ambiente si bien ya se había comenzado a notar desde las afueras del lugar, ahora era mucho más omnipresente: olor a eucalipto que evidenciaba la zonas más calientes y fogosas del lugar. 

Tras dejar su ropa y estarse cubriendo con las toallas prestadas, se adentraron hacia el primer recinto: las duchas. Una amplia habitación revestido de cerámicas y una serie de cubículos amplios en donde cabían más de cuatro personas. Algunos de ellos ya contenían a una que otro individuo dándose una ducha de agua caliente.

Christian: ¿Y ahora?
Jorge: Es obvio, nos damos una ducha para entrar, algo así como cuando vas a la piscina y tienes que entrar limpio pues. ¿Lo hacemos juntos?
Christian: ¿Juntos?
Jorge: Como quieras, no tengo nada que tu no tengas también (risas). Mira no te preocupes, podemos darnos la vuelta y así compartir la misma ducha.
Christian: Eso suena mejor.
Jorge: No sabía que fueras tan pudoroso.
Christian: Es solo extraño pues, o sea no estamos ni nada ¿me entiendes, no?
Jorge: Algo. Dale, no te preocupes. Mejor, así no me siento tentado (Jorge de espaldas a Christian, mientras va duchándose). ¿Sabías que tienes varios admiradores en Runic?
Christian: (se sonroja) ¿En serio?
Jorge: Sí, y muchos mueren por estar contigo, según ellos tienes un no sé qué que te hace irresistible. ¿Cuál es tu secreto?
Christian: Ninguno, que yo sepa, tal vez solo ser amable. 
Jorge:  ¿Solo amable? Ok, no volveré a decirlo, pero tal vez creo que tienes un talento natural para tratar bien a otras personas, eso hace que se sientan en confianza. Porque, para ser francos, la amabilidad por sí sola no te convierte en un idol de las redes sociales. Debes tener tus historias, ya sabes de las conocidas y de las que no quieres que los demás se enteren.
Christian: No es para tanto, aunque todos tenemos de esas historias en donde nos hemos equivocado o metido la pata de alguna forma. Es tu turno. (Christian toma su toalla, mientras Jorge se acerca al torrente de líquido ardiente). ¿Y que hay de ti Jorge? Tienes un aura de misterio, de lo poco que te conozco no sueles salir mucho o tratar con otras personas.
Jorge: Cuando estás con alguien tus rutinas cambian y se amoldan a la otra persona, es algo natural. Depende de cada pareja, supongo que hay las que les gusta salir y son más desapegadas, pero en mi caso, me gusta ser muy cariñoso y casero.
Christian: ¿Un chico de su casa? Si la gente de Runic supiera que estás por ingresar a jugar nuevamente en sus ligas, harían filas para poder salir contigo. En realidad, creo que la fantasía de un chico inocente siempre será un driver para muchos con una mente cochina. 
Jorge: ¡Oye! Inocente tampoco.
Christian: Bueno, sí, solo basta con conocerte un poco para saber que no eres así.
Jorge: ¿Qué quisiste decir con eso?
Christian: Pues que no nací ayer ¿sugeriste que nos bañemos juntos, no? Bueno, el tren se nos está pasando amigo y hay cosas que vivir de la que nos hemos privado por estar buscando el ‘amorsh’.
Jorge: (Cierra el caño, coge su toalla) Christian estar con alguien es muy bonito y no es comparable con la idea de buscar algo del momento. Cuando estás en una relación, sabes que siempre podrás contar con ese alguien que te acompañe y converse contigo en los malos momentos, que te dé ánimos y te levante. Lamentablemente, vivimos en un mundo en donde las personas van y vienen muy rápido.
Christian: Lo dice el señor de los cuatro años de relación.
Jorge: Bueno soy el vivo ejemplo que, por largo que parezca, todo lo que comienza tiene su final. ¿Listo para seguir?

Christian y Jorge continúan su aventura a través de las duchas, ambos llegan a unas escaleras, no sin antes toparse con hombres de diferentes fisionomías que se cruzan en su camino. Los hay jóvenes y viejos, con pelo en pecho y lampiños, los barbones y los que sólo se cuidan el bigote, con la gran constante: la toalla blanca, que cubre sus falos. Para Jorge y Christian es difícil no dejar escapar de órbita sus miradas y observar los paquetes de algunos que notoriamente salen del promedio y provocan un flujo sanguíneo cálido en sus entrepiernas. 

Jorge: ¿Te excita este lugar?
Christian: Eeeh… no.
Jorge: (se ríe) Eso no es lo que tu cuerpo me dice … (le señala su entrepierna. Christian avergonzado se oculta entre las sombras).
Christian: ¿Qué miras? Bueno sí estoy algo excitado, es el ambiente.
Jorge: ¡Si claro! Y los hombres desnudos en toalla no tiene ninguna importancia. 
Christian: ¡Ay cállate!

Suben al segundo piso y se topan con una serie de camillas ocupadas por cuerpos robustos, algunos no dejan nada a la imaginación, en poses que invitan a aproximarse. Algunos se encuentran en parejas de dos o tres abrazados entre sí, ya sea tomando una siestecita o algo más, como resguardados por cuatro paredes, ellos han perdido completamente la vergüenza a la idea de explorar sus cuerpos a pesar de las miradas. En ese lugar, todo está permitido y las fantasías pueden volverse una realidad.

Christian: Vamos a la barra y pidamos un trago, por favor. 

Christian no puede evitar sentirse perdido ante tanta acción. Jorge aunque en la misma situación lo disimula mejor.

Jorge: (al barman) Un par de chilcanos, por favor.

El barman les sirve los tragos y ambos se alejan a una camilla algo distante pero libre y se sientan a disfrutar de su momento a solas.

Jorge: ¿Cómo estás?
Christian: No te voy a mentir, algo abrumado.
Jorge: Sí, lo sé. La experiencia es algo diferente.
Christian: Y yo que pensaba que sería yo el que lo tomaría mejor.
Jorge: No tenemos que quedarnos mucho tiempo. Ya de por sí considero que ha sido una gran aventura. Gracias por querer sacarme del hoyo.
Christian: Pero si acabamos de entrar, por lo menos exploremos todo el lugar. De ahí, si quieres ya nos vamos.
Jorge: Ok. ¿Qué tal el Chilcano?
Christian: Bien, aunque no me quita el sueño.
Jorge: Ya, cuéntame acerca de esta historia tuya que quieres olvidar.
Christian: No es tanto que quiero olvidar, en realidad siento que vivirá conmigo siempre. Porque es una persona que me marcó mucho ¿sabes? Con él pasé mi época de universidad, salí del clóset con mis padres y estuvimos mas de dos años juntos. Es ese tipo de persona que sientes estabas destinada a conocer. Va a sonar raro, pero es con quién aprendí a amar o por lo menos es con quién sentí el amor de verdad. Es algo que te marca y no puedes olvidar nunca. Es ese tipo de persona con la que conectas a tal nivel que sientes que sus almas estuviese conectadas, sé que suena extraño o hasta tal vez cliché, pero es que no he vuelto a sentir algo así con nadie más.
Jorge: Guau, interesante. No pensé que alguien podría sentirse verdaderamente así por alguien.
Christian: ¿No te sentiste así por Roberto, alguna vez?
Jorge: Supongo que sí, alguna vez cuando lo conocí, la verdad no lo recuerdo tanto. Ha pasado mucho tiempo y creo que de alguna manera la rutina nos ganó a ambos. 
Christian: ¿Qué sientes por él? ¿Le quieres?
Jorge: Lo amo (Lo piensa por unos segundos). Bueno sí, lo que siento por él no va a desaparecer de un día para otro, a pesar de lo de hoy. Tengo claro que no va más, es momento de darme una nueva oportunidad para poder estar solo y pensar lo que quiero hacer con mi vida, no va a ser fácil, pues vivimos juntos y eso es complicado. 
Christian: ¿Tal vez puedas considerar mudarte?
Jorge: Creo que podría regresar a casa de mis padres y alquilaría una habitación en el departamento con Airbnb o alguna de esas aplicaciones, porque el departamento lo compré con Roberto, no puedo desligarme de eso tan rápido y dudo que él esté en capacidad para comprar mi parte. Hay tantas cosas por hablar.
Christian: Tranquilo, mira una cosa a la vez. Primero conversa con él y aclara las cosas, termina esa situación, él la fregó, pero no es un cavernícola, sus razones, aunque equivocadas, habrá tenido. Pueden conversarlo y tratar de cerrarlo lo mejor que se pueda, lo digo por ti, lo vas a necesitar. Te recomiendo eso, porque no es tan fácil dado que como tienen el departamento van a tener que seguirse viendo y tiene que estar de acuerdo con eso de traer a otra persona al departamento también. 
Jorge: Es cierto. ¿Qué voy a hacer con mi vida?
Christian: (Tras tomar las últimos sorbos de su vaso) ¿Terminamos el tour, para irnos?
Jorge: Dale, (lo mira) aunque por un momento me gustaría que esta noche nunca acabe.

Ambos comienzan a recorrer los ambientes del lugar. Pronto descubren que es bastante grande, que hay varias habitaciones oscuras de donde provienen gemidos y ruidos que se parecen al roce de piel y golpes interminentes de diferentes cuerpos entre sí. Los hay también cubículos que guardan dentro de sí colchones abandonados que buscan un polvo de una noche y guardianes sigilosos que aguardan como cocodrilos a su siguiente víctima incauta. En el último piso yace un gimnasio vacío, pues no atrae realmente el interés de los visitantes, el principal atractivo se encuentra en los primeros pisos en donde encuentras los saunas secos y de vapor. Lugares donde al ingresar no puedes evitar ser escaneado por una sarta de ojos que penetran el escudo de tu fría piel y seducen tus sentidos para que los acompañes aunque sea por unos instantes. Sin duda mucho por explorar, pero poco interés es el que genera a nuestros curiosos chicos, quiénes ya habiendo recorrido el lugar, se disponen a salir. Christian se encuentra bajando las escaleras,  cuando de pronto se cruza con la única persona que pensaba no vería nunca más.

Gerardo: Hola Christian, a los años.

Christian pierde el control por un momento y se queda en silencio, mientras intercambia miradas con el desconocido. Jorge se da cuenta y trata de disimular su sorpresa ante la reacción de su amigo sin mucha efectividad.

Jorge: Hola, ¿eres amigo de Christian?
Gerardo: No precisamente (Mira a Jorge). Christian es mi ex, un gusto.

¿Quieres saber qué pasa luego? Lee el tercer capítulo.

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