Runic | El cornudo

¿Primera vez leyendo Runic? Lee el primer capítulo aquí.

Hay momentos en la vida que nos marcan para siempre. Momentos que te roban una sonrisa y otros cuando te invade un dolor intenso en el pecho, ese en el que tu mismo desearías que tu corazón fuese expulsado de tus entrañas. No importa cuál sea el remedio, es en esos instantes que sólo quieres que se alivie la sensación que se trepa hacia tu garganta y te roba las palabras de aliento, son como cadenas que surgen del piso y tratan de hundir tus extremidades hacia lo más profundo del planeta. Son aquellos momentos en donde encuentras refugio, mientras te escondes bajo las sombras de tu habitación a oscuras, con pensamientos que evocan los recuerdos más felices que has tenido: recuerdos de la infancia, la persona que más admiras, el calor de los brazos de una madre, el primer amor, aquella persona que dejaste ir pero que guardas secretamente en tus recuerdos. Poco a poco, ves como esos recuerdos brillantes son devorados lentamente por la oscuridad, entre gritos desgarradores de las personas que tratan inútilmente de escapar a una carnicería carmesí que componen dichos recuerdos. Con el tiempo los trozos de carne rancia esparcidos comienzan a oler a descomposición, una mezcla de olores fétidos que se combinan y el pensamiento entra en un éxtasis en el cual la mente se deja influenciar por los demonios alados que nacen de los restos flotantes de recuerdos olvidados. ¿Por qué lo hizo? ¿Qué lo motivo? ¿No fui suficiente? Son algunas de las preguntas comunes en esta situación, pero un ser racional no piensa así, antepone sus necesidades y objetivos a sus deseos. Él ha vivido y disfrutado, nada le quita eso ¿qué es una raya más al tigre? ¿Estás dispuesto a dejar una vida de tiempos compartidos y promesas realizadas? No. Es simple, un ser que antepone la mente al corazón, sufrirá en silencio y guardará esos momentos para después, o sea nunca y dejará que mueran lentamente, mientras continúa el camino de la vida que le hace más sentido. Adaptarse a las condiciones y a diferentes situaciones también es un rasgo humano, con cada tic tac de un reloj, cambiamos aunque sea un poco para encontrar un nuevo Nirvana al mezclar dos pensamientos y volvemos a empezar.

Roberto: Te esperé en la fiesta, pero no te encontré (Le dice, mientras Jorge cierra la puerta tras de sí) ¡Jorge, te fuiste sin avisar y tampoco te dio la gana de contestarme el teléfono!

Jorge toma unos segundos para recuperar el aliento, pues sabía que entrar a esa hora a su departamento implicaba tener el corazón en la mano y sus zapatos en la otra. El silencio durante esos breves momentos eran gélidos, tanto como el piso de cerámica que tocaban las medias del recién llegado.

Jorge: ¿Y por qué chucha tendría que decirte algo? Tu te fuiste a tirar con otro huevón en plena fiesta.

Roberto se queda en silencio, las palabras de Jorge han cruzado la habitación más rápido que una bala y han impactado más fuerte que una ola marina contra las rocas. Se avecina una tormenta, ambos racionales lo saben. Ahora solo aguardan para ver quién hará el siguiente movimiento.

Jorge: No sé qué te sucede. ¿Qué juego de mierda crees que soy? Primero me dices que te acompañe y que salgamos, a pesar de ya no estar juntos, ¿y luego te metes con otro huevón en frente de mis narices? ¡Carajo Roberto! ¿Y te atreves a cuestionarme por qué te dejé solo? ¡Eres un sin vergüenza!

Roberto: No tengo por qué darte explicaciones de lo que haga, tu mismo lo dijiste “ya no estamos juntos”. Pasado. Ahora solo somos patas. Yo puedo salir o hacer con otro lo que que quiera. Si aún te gusto, conversemos y veamos qué hacer.

Jorge arremetió, había realizado su apertura yendo directo a la sin razón de la lógica detrás de la propuesta de Roberto, sin embargo Roberto había respondido de manera más calmada, al tomar la energía de su impulso, había llegado más lejos que su rival al poner las cosas sobre la mesa. Jorge estaba en una clara desventaja, debía retomar el control rápido o sería seguro que perdería la contienda.

Jorge: Es que es eso, no te importa cómo me sienta. ¿Para qué maldita sea seguimos viviendo en el mismo departamento? Para mí está claro que no somos ni amigos, simplemente no te importa como me pueda sentir. Es obvio que habiendo terminado no se acaban todos los sentimientos que uno pueda tener. Es imposible que vivamos en el mismo techo.

Entramos al medio juego, un golpe por el lateral que indicaba que ponía en duda los motivos para la convivencia entre ambos. Un punto claramente debatible, dadas las situaciones planteadas por el demandante, ahora era turno de Roberto enfrentar la acción. Jorge aunque en el fondo no quería irse, estaba dispuesto a arriesgar la movida para forzar la mano de Roberto.

Roberto: Ok, tienes razón. No debí hacerlo, debí haber sido más consciente con este asunto. Discúlpame. No tienes que tomar una decisión drástica. Me equivoqué, pero eso no significa que no me importes, quiero que estemos bien. Sabíamos que no iba a ser un proceso fácil, pero aún así estamos intentando sacar esto adelante.

Si Jorge se fuese, marcaría un hito y también Roberto sabía que jugar de lejos es mucho más complicado. Pronto los cazadores se enterarían y, como las abejas a la miel, harían jugadas para desplazarlo rápidamente y ahí correría el riesgo de perderlo para siempre. Roberto hace una revisión rápida del campo de batalla y nota su posición de desventaja.

Jorge: Pasa que tu ya no sientes nada por mí… sino te importaría. Es la verdad, tu solo quieres quedar bien conmigo, pero yo no… yo si quiero que regresemos a como estábamos, cuando tu y yo eramos felices. Yo te amo y quería que pudieses verlo, que te dieras cuenta que todo este tiempo juntos valió la pena.

Roberto: Si lo valió y yo lo aprecio mucho. Ha sido un momento muy especial en mi vida.

Jorge aprovecha el campo amplio para arrasar a su antojo y ampliar su rango de acción, mientras Roberto toma una posición más accesible y abre su terreno para la conquista, pues sabe que no le conviene forzarlo. Además, para él esta situación es pasajera, si logra disuadir a Jorge, será más sencillo convencerlo luego cuando ya esté más calmado, sin embargo deja escapar una verdad que en ese momento necesita aclarar para tener la ventaja ante cualquier desperfecto. Si pasa desapercibido, todo irá bien para él.

Roberto: …Pero tienes razón no siento lo mismo, es por eso que terminamos y tienes que darte cuenta que yo ya no te quiero… de esa manera.

Jorge va en picada al sabotaje de su contrincante, se mantiene en silencio durante un momento, está a punto de darse por satisfecho, cree en las palabras de Roberto, que él es importante. Tal vez la situación no da para más y lo que le falta es tiempo, para entender y cambiar su conducta, recuperar su felicidad poco a poco. Lo mejor puede ser la paciencia, recuperar la calma y pensar las cosas nuevamente. A fin de cuentas, lo más importante es su salud mental, estar tranquilo y enfocado, lo más importante son sus estudios y pues salir adelante de manera profesional. Todo puede perdonarse y seguir avanzando, porque de lo contrario ¿qué pasaría? ¿Empezar desde cero con alguien, después de tener que estar un tiempo solo? ¡A fin de cuentas es solo un momento malo, a cambio de pasar toda una vida junto a Roberto! ¿Eso lo compensaría, cierto? ¿Es lo mejor, verdad? La sensación de millones de voces que eran ahogadas en su interior lo mantenían tenso y fijo en su posición, como un mar de calma que comenzaba a invadir su ser, haciéndose paso y arrasando a través de cualquier cosa que se interpusiera en su camino, sí aunque ello fuesen sus propias emociones. Un ser racional, siempre opta por la razón, lo cual tiene sus ventajas, es una batalla que hace tiempo perdieron sus emociones y ahora yacen en el fondo del mar, congeladas, fuera del calor humano. ‘Es mejor así’, vuelve a reflexionar un Jorge desarmado. Roberto se para y da unos pasos hacia él, lentamente extiende sus brazos para poder hacerlo sentir el calor de otro cuerpo, para que se calme aún más rápido. Aunque con la culpa, es su deber sellar el momento con el tacto. Sus brazos comienzan a rodear a Jorge, quién se encuentra ensimismado por la bruma que se ha formado a su alrededor, pues en ocasiones para cualquier ser humano el combate interno de la razón y emoción tienen un precio. El mar de la mente finalmente se calma, parece un lago, templado y en completo silencio.

Roberto: ¿Quieres recostarte en la cama? Te haré una manzanilla.

Jorge, con un semblante abatido, deja que Roberto le conduzca a la cama y se recuesta. Roberto lo observa con detenimiento, analizando cada una de sus acciones, se mantiene alerta pues es de estrategas siempre contar con un plan alternativo. Jorge le da la espalda a su compañero y se queda mirando al vacío, mientras que Roberto se dirige a la cocina.

Jorge: Aunque quiera, jamás voy a poder borrar las imágenes de mi mente de ti teniendo sexo con otro…

Roberto se detiene en frío, no es posible que Jorge le haya visto ¿será cierto? Revisó bien sus pasos, estaba seguro que las personas que estaban dentro del cuarto en el departamento quemado habían salido y entró sólo cuando lo pudo confirmar. A menos que Jorge se haya quedado dentro… ¡en ese lugar sombrío, es bastante posible escabullirse y esconderse!

Roberto: Jorge, ¿tu me viste? (está sorprendido, perdiendo la compostura). Por favor, dame una oportunidad para demostrarte que puede ser diferente.

La suerte estaba echada, entre los miles de posibilidades, nunca calculó este escenario.

Jorge: ¿Diferente? (responde sereno) ¿Acaso quieres regresar conmigo? ¿Me quieres como pareja?

Una brisa fúnebre invade el cuarto, pues la pregunta directa ha atestado un golpe mortal en la estrategia infalible, pues no hay respuesta sincera a esta pregunta que de opción a un escenario favorable.

Roberto: Jorge, sabes que no. Pero eres importante para mí, no quiero perderte. Has sido una gran parte de mi vida y no veo un futuro en que no seas parte de él.

Jorge: Yo tampoco Roberto, pero tienes que entender que me estás haciendo mucho más daño así. Si no me quieres como pareja ¿por qué insistes en seguir así? Es insoportable, al menos para mí.

Roberto mira como su control absoluto comienza a desmoronarse frente a sus narices. No comprende todavía lo que hizo mal, no se había dado cuenta que era una batalla perdida desde un comienzo, puesto que no consideró eso único que Jorge sí tuvo el valor de ver hasta el final, y que lo mejor para sus intereses habría sido evitar a toda costa el enfrentamiento.

Jorge: Esto se acabó ¿no es así? Aunque me duela mucho más a mi que a ti, no puedo vivir en el mismo lugar.

Roberto comienza a reaccionar y a darse cuenta de que es en ese preciso momento que realmente está perdiendo y que se comienza a ver una luz al final del túnel.

Roberto: Dame tiempo para cambiar, voy a respetarte más y tomarte más en cuenta. (insiste) ¿No es lo mínimo que nos debemos por lo que hemos vivido? Dime Jorge.

Roberto hace uso de su último recurso, su Az bajo la manga, sabe que la experiencia y el tiempo vivido con Jorge es una carta que pesa casi tanto como el mundo que han creado juntos en ese departamento.

Jorge: Roberto, si pudieras verte… si valgo tanto para ti, debiste cuidarme más. A lo mejor seguiríamos juntos. Yo ya no quiero estar en este lugar, no contigo. Necesito tiempo para pensar las cosas realmente. Tal vez en el futuro podamos conversar, no sé. Pero ahora necesito sanar mis heridas.

Para Roberto, en este punto, ya no importa mostrarse débil y recurre a cualquier argumento que se le viene a la mente, con tal de no dejar que Jorge se vaya.

Roberto: Jorge, mira, quédate este fin de semana, piénsalo mejor, aún estás con la cabeza caliente y te debes a ti poder tomar esta decisión con calma ¿Qué harás? ¿A dónde irás? No tienes donde quedarte y este departamento lo estamos alquilando a medias, está bien ubicado y no vas a encontrar algo en un día.

Jorge: No te preocupes por mí, ya dejaste en claro que en el fondo no lo haces. No nos engañemos más y dejemos de jugar a que seguimos teniendo un futuro juntos.

Y con esa última frase, Roberto entendió que le hicieron un jaque mate limpio y elegante, sin derramar sangre o lágrimas. Él jugó a ganar y terminó perdiéndolo todo.

Un comentario en “Runic | El cornudo”

  1. Mmm si una pareja termina no pueden vivir bajo el mismo techo es OBVIO! Por los recuerdos, sentimientos etc que uno de los dos aún tenga y que quisiera regresar con esa persona….es todo un proceso el de la ruptura hasta que las heridas saben y quizás puedan ser amigos en un futuro o si el destino les tiene caminos por separado.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.